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Terapia del Vínculo

La Terapia del Vínculo nace de la comprensión de que cada ser es la sumatoria de todas sus relaciones: del vínculo con uno mismo, con cada uno de los seres que nos rodea, con el universo.

Nuestra salud está garantizada sólo cuando estos vínculos están en su estado natural de equilibrio. Sufrimos, tanto en lo biológico como en lo psicológico, solamente cuando nuestras conexiones se rompen o quedan dañadas.

La Terapia del Vínculo nos ofrece la restauración de nuestras conexiones, de nuestro estado biológico natural: nos ofrece restaurar equilibrio y salud mediante una revisión sistemática de los eventos en los que cada vínculo quedó dañado de algún modo específico.

A través de un minucioso análisis de nuestra elocución, el terapeuta nos lleva a evocar la situación completa en que se originó nuestra dolencia y nos ayuda a redefinir nuestra posición, el vínculo relevante en cada situación. Esto trae alivio inmediato tanto en lo biológico como en lo psicológico.

Una revisión a fondo de eventos específicos de nuestra vida nos ofrece un nuevo comienzo: es colocarse donde corresponde para estar en condiciones de hacer el camino propio, de forma natural, sin dolor.

¿Shock biológico o psicológico?

La idea del trauma psicológico es algo bien conocido; incluso, hasta cierto punto, lo es la idea de la somatización de lo psicológico. Pero en la práctica, nos resulta difícil ver cómo se relacionan los procesos fisiológicos y patológicos con los psicológicos; es decir, se los ve como asuntos independientes.

La idea radical, base de la Terapia del Vínculo, es que todo aquello que conocemos como enfermedad es, como en el «trauma psicológico», resultado de un momento de shock intenso. Mas no es cualquier shock, sino uno de relevancia biológica. Cuando algo amenaza la existencia de una entidad biológica, esta entra de inmediato en modo de supervivencia: hace uso de todos sus recursos para sobrevivir a la amenaza inminente, asegurándose la vida y la continuidad de su especie.

En la naturaleza, las situaciones de vida o muerte son unívocas y se resuelven de inmediato, con o sin éxito para el individuo. Pero más y más, los seres humanos vivimos en un mundo de conceptos —propiedad, dinero, gobierno, religión— todos ellos intangibles. No obstante, nuestra biología subsiste como mecanismo primario de supervivencia. Cuando vivimos un conflicto humano que interpretamos como cuestión de vida o muerte, nuestro sistema biológico entero entra en acción, tal y como lo haría en la naturaleza.

Dado que nuestra biología es incapaz de procesar los conceptos mediante los cuales estructuramos la vida humana, nuestro ser completo queda atrapado en un ciclo sin salida. Nuestra biología, nuestro estado anímico y nuestra energía vital sufren por la imperante necesidad de resolver un asunto de aparente importancia vital, pero sin solución. Esta ignorancia de nuestra propia naturaleza es la causa de todas las dolencias de nuestro tiempo.

En última instancia, la Terapia del Vínculo ofrece la integración entre lo humano y las funciones biológicas primarias que definen a nuestro ser, mediante una revisión completa del mundo de conceptos y estructuras a las que nos aferramos con tanto ahínco y que rara vez, si acaso alguna, cuestionamos. Así, es herramienta no sólo de salud íntegra sino de evolución.

Alfredo Goldstein

Alfredo Goldstein (1948-2017)

La cosa más divina que hay en el mundo es vivir cada segundo como nunca más. —Vinicius de Moraes

Alfredo Goldstein creó la Terapia del Vínculo y se dedicó a ella por completo los últimos veinticinco años de su vida. Sus estudios de la Terapia de Polaridad del Dr. Randolph Stone lo llevaron a una vida de búsqueda, investigando la esencia de nuestro ser y nuestra aparentemente mágica facultad de autosanación.

Alfredo, comunicólogo de profesión (Universidad de Quebec en Montreal), utilizó su profundo conocimiento del lenguaje y la comunicación para destilar la esencia de la Nueva Medicina Germánica (GNM) del Dr. Geerd Hamer, simplificándola a su forma más simple y poderosa.

La GNM redefine la enfermedad como un «programa especial con sentido biológico», cuya única función es asegurar nuestra supervivencia en un momento de shock agudo. Su primera ley afirma:

Todo Programa Especial con Sentido Biológico (PESB) tiene su origen en un momento de shock inesperado, muy agudo, vivido en soledad, que ocurre simultáneamente en:

1. La psique
2. El cerebro
3. El órgano correspondiente

Alfredo descubrió que sin necesidad de una Tomografía Axial Computarizada (TAC) —método diagnóstico del Dr. Hamer— y sencillamente escuchando la elocución de su paciente, podía identificar no sólo el momento de shock que dio pie a su dolencia, sino también precisar con lujo de detalle el detonador específico de cada shock.

Dado que el shock afecta a psiquis, cerebro y órgano de manera simultánea, una simple recontextualización de ese instante puntual trae alivio inmediato, no solo psicológico sino también biológico: nuestro cuerpo y cerebro, sin necesidad ulterior de un «programa especial con sentido biológico», entran brevemente en fase exudativa de sanación tras la cual nuestro ser entero recupera su normalidad, sin más.

El vasto alcance de este sencillísimo hallazgo lo llevó a descartar el resto de la teoría del Dr. Hamer: para sus fines prácticos, es decir, garantizar al paciente su retorno a la salud y a su propia esencia, el resto de la teoría queda de más.

Sobre esta piedra angular desarrolló y documentó de la manera más meticulosa un planteamiento completo de salud y bienestar que abarca la totalidad de nuestra experiencia y ciclo vitales como miembros de la especie, todo exclusivamente a través la comunicación. A esto lo llamó Terapia del Vínculo.

Los últimos cinco años de su vida, Alfredo le transmitió el corpus de su conocimiento a Alexander Cortés.

alex

Alexander Cortés

«La civilización es donde imaginamos que las reglas de la naturaleza no aplican a nuestra especie, donde nos engañamos creyendo que estamos por encima de ella.»

Además de sus estudios con Alfredo, Alexander estudió Terapia de Polaridad con Eduardo Morales, quien trajo esta forma terapéutica a México en los 80.

Estudió psicología de formación de hábitos para el diseño de comportamientos con el Dr. B.J. Fogg de la Universidad de Stanford, con quien ha colaborado como investigador invitado. Ha estudiado Medicina Tradicional China y Shiatsu, entre otras filosofías y prácticas orientales y mesoamericanas.

Fue intérprete de conferencias por diez años. Trabajó para las Naciones Unidas, para presidentes y premios Nobel; es nativo parlante tanto de inglés como español y ofrece la Terapia del Vínculo en ambos idiomas.


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